De qué manera...
Yo no sé de que manera afrontás un abrazo, porque yo lo siento vivo, con el calor del eterno ente parecido al nuestro tan distinto, me funde en los pequeños trozos de piel que siento percatada de tu silueta, sentada en el asiento de un colectivo, primo de tantos en el autopista, que quieren colisionarse en un juego de mantener espacio prudencial y acelerar de forma desmedida hasta el punto justo antes del abrazo, pensando que me haces quererte en el orden de que tengo que inventarte nuevos símbolos para que mires dentro de mis ojos y me digas," sí yo, también", en un abrazador lío de manos y sabanas retorcidas entre sí por la candencia del eco que dejan nuestros pensamientos en habitaciones oscuras y húmedas sedientas del aire público truncado por la intimidad inminente que nos convoca a ambos a querernos hasta el fin de los pastos y los soles ,hermanos primeros de las noches que cobijaron el primer rose de nuestros distintos calores internos, preparados entre si para dar su auge al instinto, un trozo de la inocencia que creemos que tenemos en común, testigo de bocas frágiles incapaces de contener amor pulverizado en sonidos estridentes dirigidos específicamente al recuerdo y un vacío que incita que perdamos la calma, que se precipiten los tiempos, los recuerdos, la esencia misma en una avalancha de manos y pensar de que manera afrontaste mi abrazo cuando estábamos sentados en el colectivo.

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