El espejo correcto.
Intentar empezar el juego es conocerse un poco más. Tenemos esa necesidad de vernos, de redescubrir los distintos perfiles frente a un espejo; sentir la curiosidad del que especula, aproximarse tanto como se pueda al extremo donde ya no nos conocemos. Es el comburente para empezar el juego, la moción para encontrar algún espejo. Yo creo que por eso existimos como partes que quieren mezclarse. En la mixtura justa, nos encontramos. Como consecuencia, compartir, para ver qué cosas acepta el otro, no es sinó, otra manera de observarnos compartiendo, de la misma manera que sonreír y charlar. Probar al otro hasta qué punto podemos probarlo, empaparse de sus párpados, de su aliento. Imaginarse en situaciones hipotéticas en qué haría si, que pasaría entonces, y de repente, casi como el relámpago que mueve todos los segunderos, nos topamos a la situación para la que nos proyectamos, sabiendo que no sabemos nada y que no sirven de nada las fantasías que resultaban de imaginarnos reflejados en el anhelado espejo correcto.
Decepción, ansias, muchas vueltas y se buscan otras maneras. Siempre uno intenta dentro de sí mismo. Así se hicieron las más lindas canciones, suenan las mejores guitarras, riman los mejores versos, atrapan las mejores prosas, se pintaron las pinturas mas impresionantes; pero quizá, uno, incapaz de tanto artista, se encierra en la honestidad e impotencia, que se exhibe rencorosa como la ternura mas invasiva; se regalan los mas ricos chocolates, se caminan las más juveniles manzanas, se crece y se cambia a fuerza de ceguera, siempre con el miedo insondeado acerca de qué parte de uno hay que conocer mejor para intentar empezar el juego. Es una búsqueda constante. Es el hecho rotundo de querer algo que no se sabe qué es, que en un principio aparente tiene figura humana pero que, se sabe muy bien, es adimensional, es proyectada de muchas maneras en el tiempo y que, sin escrúpulos, nos delata como débiles: las ansias de encontrar, de conocernos, de sentir la paz plástica que se estanca al truncar el dinamismo de la reflexión. Pero queda claro que uno no se puede buscar a sí mismo, sino que cuando realmente escoja, y deje las especulaciones, es cuando encuentra dónde buscar, qué preguntar, cómo observarse. Es saber sin saber cuál es el espejo correcto para darse cuenta de cómo empezar el juego.
Decepción, ansias, muchas vueltas y se buscan otras maneras. Siempre uno intenta dentro de sí mismo. Así se hicieron las más lindas canciones, suenan las mejores guitarras, riman los mejores versos, atrapan las mejores prosas, se pintaron las pinturas mas impresionantes; pero quizá, uno, incapaz de tanto artista, se encierra en la honestidad e impotencia, que se exhibe rencorosa como la ternura mas invasiva; se regalan los mas ricos chocolates, se caminan las más juveniles manzanas, se crece y se cambia a fuerza de ceguera, siempre con el miedo insondeado acerca de qué parte de uno hay que conocer mejor para intentar empezar el juego. Es una búsqueda constante. Es el hecho rotundo de querer algo que no se sabe qué es, que en un principio aparente tiene figura humana pero que, se sabe muy bien, es adimensional, es proyectada de muchas maneras en el tiempo y que, sin escrúpulos, nos delata como débiles: las ansias de encontrar, de conocernos, de sentir la paz plástica que se estanca al truncar el dinamismo de la reflexión. Pero queda claro que uno no se puede buscar a sí mismo, sino que cuando realmente escoja, y deje las especulaciones, es cuando encuentra dónde buscar, qué preguntar, cómo observarse. Es saber sin saber cuál es el espejo correcto para darse cuenta de cómo empezar el juego.

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