Familia.

El sol, la playa, mantas;
a contraluz, los veo, sonriendo,
protegiéndose del viento.
Él está parado, respirando suave, decolorando el pelo,
observa las olas
y luego nos mira, como si no duráramos mucho.

Toz, gritos y teléfonos descolgados.
Yo insisto, pero observa las olas
y luego nos mira.

La calidez tan breve del adiós,
es telón para muchos tramos,
pero en especial cuando lo miro
y me sostiene
como si no duráramos tanto.

Tirarse en el pasto fresco, nosotros.
Él a lo lejos, mirándonos.
Lanzarse nieve, risas, las hojas que de a poco caen alrededor nuestro, autos, gente, ruidos, ventanas abiertas y el cielo estrellado.

Hay estruendos que me obligan a mudarme
y nos seguimos tirando en la playa,
todos juntos.

El mayor consuelo: la brisa fresca de la tarde, con ustedes.
La tragedia: no duramos tanto.

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