Entre agujas.



Quizás la belleza es relativa sólo en términos macroscópicos. Ese espacio que no podemos ver es donde nuestra imaginación puede hilvanar las porciones de realidad que llegamos a visualizar con distintas memorias y experiencias.

Cuando se alcanza el punto previo a la aproximación final, la imaginación se tensa en un suave y obligado retroceso; la realidad es contundente.
La belleza de la naturaleza desnuda tiende a alejarse a los ideales subjetivos y pasa a ser absoluta en el lento recorrido de los ojos sobre la superficie enormemente diminuta.




Y es así de incomensurable, porque se aleja de la cosmovisión particular y desentraña sin escrúpulos la frialdad e inmutabilidad del mundo que existe entre las cosas cotidianas.

Quizás uno no entienda porqué lo diminuto es tan complejo y hermoso, quizá sólo sea una sensación de asombro frente a la infinutud de mundos que guarda la punta de una aguja.

No sé porqué sentimos esto, pero no es comparable con la belleza que nosotros sabemos construir.



Cristal de aspirina

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