Una loca sensación.

Tuve la suerte de que una de las bandas que mas me gustaban estaba presentándose en Morón, en un lugar poco especificado por las publicaciones en internet: "dirección a confirmar por mensaje personal".
Cuando fuí, a medianoche, a la dirección que me habían mandado, descubrí que se equivocaron con el lugar.
Morón, durante la noche, tiene una penumbra seductora y a la vez muy peligrosa. El frescor del verano tardío y las luces naranjas de sodio en las veredas le daban a la calle eso que necesitaba en mi vida.
Pregunté en algunos negocios abiertos, pero cada vez me metía en lugares menos conocidos, alejándome de la plaza con gente e iluminada. Encontré a unos pibes que parecían del palo de estos recitales y les pregunté. Estaba muy cerca.
Las indicaciones me llevaron a un lugar medio abandonado, que por entrada tenía un pasillo muy largo. La puerta estaba colocada en un paredón, entre depósitos de materiales, de portones grandes.
Al entrar en el lugar me puse muy contento: era un lugar muy chico y despoblado.
Para mejor, la banda tocó los temas que yo esperaba y descubrí uno que jamás le había dado bola.
Al principio me dio miedo cerrar los ojos, como si fuera exagerada mi reacción al sonido. Al rato no me importó y conseguí la nada íntima y tan grata del viaje musical, con los ojos cerrados y cantando en voz muy baja los temas.
Me fuí del lugar, una vez que la banda dejó de tocar. Capaz no le dí mucha fe a las demás bandas, o al lugar o a la gente. En general no tengo fe, principalmente a esas horas.
En la parada del colectivo había mucha gente, que iba a algún boliche o a fiestas, lugares que no suelo frecuentar. Todos jóvenes, bien vestidos, con alcohol y olor a marihuan, en pleno griterío.
En el colectivo me sentí solo, entre tanta gente. Le propuse a una amiga vernos, si estaba al pedo. Un poco nervioso esperé su respuesta, la cual fue inesperada: me invitó a un boliche, iba con una amiga; quedó implícito a donde íbamos después.
Capaz por esa gran moción interna y primitiva tuve que decir que si, que iba. Y así estaba yo, después de un rato y otro colectivo mas, esperando en una esquina oscura de palermo, pasada la medianoche, a que apareciera el par de pibas.
Una vez que nos encontramos me costó mirarlas a la cara, por alguna razón. Si estuviera ebrio esas cosas no pasarían.
Fuimos a un boliche que es frecuentado por jugadores de rugby y toda esa movida. Por supuesto yo era el mas flaquito y liviano del lugar. Las mujeres eran altas y vestidas de forma extrabagante pero a la vez ordinaria; quizás por lo provocativas que se mostraban.
Las dos chicas con las que fuí se reían todo el tiempo y yo lo hacía también, pero siempre después de ellas. Capaz mi risa salía por algún tipo de reflejo.
Ellas bailaban, muy pero muy apretadas, por la cantidad infernal de gente. No se podía caminar, en lo más mínimo. A mi me empujaban muchas veces por minuto, y era una cagada prestar atención para correrse para evitar ligar algún golpe de una pelea que se armaba en las inmediaciones de mi paupérrimo y vergonzoso baile, muy estático. 
Lo mas loco de todo, algo muy flashero en verdad, es que no me molestaba. De hecho encontré una loca sensación de comodidad. Fue tal la sensación, que cerré los ojos y observé otra faceta de ese entorno que tanto repudio y repudié toda mi vida. Me sentí gente.
No persona o individuo, sino gente. Me sentí ese conglomerado de identidades, casi ignorando las pequeñas eventualidades de alguien en particular, adrede y con la corriente. Era parte de los empujes azorosos y reiterados, desinteresados y sin diferencia unos de otros. Me solubilicé en todos y, consecuentemente, fui una parte del montón. Me dejé llevar, me desapropié de mí mismo. Ahora el aire que temblaba a causa de la música fuerte no era aire en sí, sino un contenedor y a la vez un medio por donde se entendía todo: las miradas que caían pretensiosamente, los gritos, las risas, las peleas, los besos, los olores y el calor se transmitia solo por el aire, todo lo demás era de la gente.
Es decír, de alguna forma transmitíamos una ínfima porción de nuestra esencia hacia el aire y luego la tomábamos, nuevamente. No comprendí bien porqué, pero era nuestra forma de sentirnos menos gente.
Sentí intensamente el antagonismo de la tristeza y la felicidad, como una felicidad despojada de dicha, o mas bien repleta de circunstancias complejas y mecánicamente gratificantes. Sentí que mi identidad no tenía función, enrealidad. Concebirme con cultura meramente propia me resultaba una estupidez. 
Es enorme la estupides de autodiscriminarse para estar ahí, inevitablemente en el montón dinámico y necesario. Ser individuo no cuadra, ser la pieza de todo esto mucho mas grande es reconocerse como inviduo, indirectamente. Por eso baile, tenuemente, al ritmo de todos, desapropíandome, desvaneciéndome.
Se sentía bien, muy apaciguante, muy sereno. Éramos un movimiento completamente coordinado en el caos que impartíamos, como el suave movimiento del mar, o de una garúa con viento. Casi todo el rato fue cerrar los ojos e irse a la deriva; huir de todo, pensé.
Pasé un rato muy largo en ese viaje, pero mi amiga me estaba buscando charla, por lo que aborde la realidad, introducida por los gritos que nos pegábamos en los oidos para hablarnos. 
No había tomado nada, estaba completamente sobrio, pero a pesar de eso, intenté sacarle un poco mas de charla. En la gran tensión que me provocaba la incertidumbre, me fui volviendo gente, lentamente. Pronto, sólo hubo aire entre mis dedos, y me complacía esa idea.
En ese estado fue como terminé en su casa, casi sin darme cuenta, sin haberlo pensado.
Estuvimos unas cuantas veces, como si tuviera un gran ímpetu.
No hablamos demasiado, pero nos reímos algunas veces.
Cuando la despedí, me sentí muy mal. Ese gran malestar lo transporte por todo el colectivo y su recorrido; sentí avasalladora la gracia de esos encuentros nocturnos, casi como una mutua decepción.
Me tiré a mi cama y me derretí allí, ya no me sentia para nada bien.
Después de un rato, fundido con la cama, comprendí con desasosiego.
Uno tiene que ser uno, sino no es nadie o como es lo mismo, es como todos.


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