"Perdido debajo del lucero." de Guido B. Magallán

Y qué tu manto
¿Por qué ya no te cubre?

No te creas las mentiras de las agujas
porque fuimos nosotros quienes les enseñamos
No te creas hostigado
que tu fortuna
está harta de vos.

Que confusos los días
y qué suave su pasar.
Que poco amigo soy de mí,
que sólo me converso de noche

Mis ojos, mis palomas, mis piernas y mis truenos
son demasiado
para mi joven y encorvada espalda
virgen del descanso del albedrío

Ya no tengo rezongo
me queda poco con qué llenar Buenos Aires
tal vez una siesta
tal vez una caricia
que me indique reposado
cómo se curva la tierra

Dormido me persigo
porque los niños, todavía,
me regalan la esperanza de saber desear.

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