Si tiene vida, tiene misterio.
(La conversación de dos hombres, que se miran fijo. No hablan, solo se miran. Su concentración hace evidente que cada uno entiende lo que está pensando el otro. Están sentados en una plaza, uno en un banco debajo de un árbol y el otro bajo el sol y la tarde, en algún banco hermano del primero. Ninguno es protagonista. Todo lo que hay entre ellos es sólo un canal por lo que sus ideas van y vuelven. Atraviesan viejas, perros, canastas de vendedores y todo ese aire y espacio que al común de las personas asusta y retrae por lo que convierte a la mirada en silencio y el silencio al contexto de las miradas. Uno decide levantarse, sin avisar. El otro queda perplejo, sin entender a su interlocutor silencioso. La tarde cae, y el hombre continúa en su meditación. Comienza a comprender. Al cabo de un tiempo el hombre, aún sentado, encontró la respuesta al improvisto, pero con una única duda vigente: Cuál de los dos era el loco.)
( [...] es por eso que vivimos condenados!! ¡Porque los ávidos de preguntas moriremos en la locura!-
(Un público de jóvenes, sentados en un anfiteatro, miró al hombre del escenario que se agachaba conforme la luz se iba a pagando. Muchos lloraron. Otros quedaron tiesos por la conmoción del discurso. Los que no soportaron se fueron, a oscuras, del anfiteatro. Luego de un momento en plena oscuridad, un individuo del público, que no era individuo sino como la identidad de muchos individuos en un solo cuerpo, en una sola voz, en un solo caminar lento y luminoso que devolvió el color al escenario al pararse sobre él. Miró a todos, que a pesar de los que se fueron, seguían siendo muchos. Tomó valor; una luz comenzó a iluminarlo.)
-"Uno decide cómo ver al mundo, como pudimos ver, muchos ya eligieron- (señaló las salidas a los extremos de la habitación, que en el fondo todavía permanecía a oscuras. Se escucharon risas tímidas)
"Ehem, bueno ... . El tema, en realidad, es que cada uno contribuye a la sensación de mundo. La hacemos todos. Cuando nacemos podemos tomar dos grandes caminos que delimitarán las orillas del cause de un río, incluso las de un mar o un océano, estoy hablando de la cosmovisión del progreso humano. Del hombre. Del mundo. Porque el recién nacido, no estoy hablando de bebés , hablo en general : hombres, mujeres, niños y ancianos, pueden creer que el mundo ya está construido y que las respuestas se encuentran en alguna parte del mundo y basan una larga caminata que cuesta la vida en encontrar dichas respuestas en un mar de gente e ideas que jamás, jamás alguien entenderá siquiera una pequeña parte de la totalidad, los que confinan su imaginación a un plano estable y plácido, donde el miedo no llega.
También hay recién nacidos que viven en un mundo en plena construcción, en un mundo adolescente lleno de huecos y miedos profundos y silenciosos. Para ellos solucionar un problema es descubrir una solución. Viven para inventar respuestas, vivimos para descubrir el todo y armar el conocimiento de a pequeños bloques, de ideas que soportan la creciente y muy discutida conciencia colectiva. Digo discutida porque el conflicto aparece cuando alguno de esta orilla quiere convencer a alguno que anda buscando respuestas. Porque los vuelve locos el hecho de inventar, de violar el plano común y corriente, donde sólo las ideas conocidas prosperan estáticas; te matan si decís "se me ocurrió esto" , "y quién lo dice" , "pues yo, fijate que tiene sentido" "ha, pero estás loco, eso no existe".
Por eso recordamos a los grandes, porque tuvieron la voluntad de ser pioneros en un mundo que a gatas se atreve a indagar, que difícilmente incluye y redescubre.
(Las luces comenzaron a apagarse, muchos pensaron que se repetiría la triste secuencia del anterior locutor)
-"Pero siempre está la aventura que empuja al desconcertado, porque está en nosotros, porque el hecho de que exista tanto por explorar, tanto por conocer, que el vacío tan placentero y traicionero de la ignorancia nos plantea que el horizonte sólo es un invento de nosotros mismos y nos empuja paulatinamente a la locura sagaz y solitaria, la única capaz de traer al mundo una nueva parte de sí."-
(Muchos se levantaron, desilucionados. El individuo se sentó en el borde del escenario, pensativo, dejando que su luz se apague. El teatro, a oscuras se vació casi por completo. Quedaron muy pocos, sentados en sus asientos. Permanecieron allí durante mucho tiempo, muchos no soportaron y se fueron. Hasta que al fin quedó sólo un integrante del público. Lentamente una luz comenzó a brillar.))
Lentamente el sol pinta el cielo de colores que progresivamente transforman la tarde en un caleidoscopio, donde el horizonte es el único testigo imparcial que aporta el negro de la noche. Tantos colores, tantas formas, tantas veces la eventualidad de lo maravilloso aparece en todas las tardes, y nosotros impotentes de tocar la belleza con las manos, ni el sueño de llegar al cielo, de atravesarlo y salir de la Tierra desmintió la inverosimilitud de su hermosura. El cielo sigue siendo de otro, y nosotros, sus inocentes espectadores.
Una lupa, sólo una lupa, y la cartografía se deshace, sus criterios se van al diablo junto con la dimensión del espacio, porque con una lupa (lo suficientemente buena), cualquier cabeza de alfiler necesita días para explorarse. Porque con una lupa basta para creer en la vida en otros mundos.
Una lupa, sólo una lupa, y la cartografía se deshace, sus criterios se van al diablo junto con la dimensión del espacio, porque con una lupa (lo suficientemente buena), cualquier cabeza de alfiler necesita días para explorarse. Porque con una lupa basta para creer en la vida en otros mundos.

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